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Profesión o dinero

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Sentada en la sala de espera de un hospital, esperaba los resultados de cáncer de mama de mi abuela. Me distraía observando a un chico demasiado joven, demasiado alegre y muy intelectual para trabajar en un hospital. No llevaba bata ni estetoscopio, no tenía ese aire de dios y grandeza de todos los doctores. Me llamó la atención que pasaba con montones de documentos en una mano y en la otra, un libro de Jorge Luis Borges. La tercera vez que pasó, se sentó a lado mío y preguntó: — ¿Tienes mucho esperando?— Respondí que no.             —Es horrible estar en un hospital y más trabajar en él… me llamo Julio— decía mientras se acomodaba el gafete.             —Sí, debe ser horrible— afirmé moviendo la cabeza. Lo que me sorprendió aún más fue ver las tres “L” en su gafete y le pregunté ¿Qué hace un licenciado de Letras Latinoamericanas trabajando en un hospital?  ...

Mínimas

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¡Adiós princesa! Se amaban, insaciables. Dos criaturas hechas la una para la otra. Al verse a los ojos, sabían que el Príncipe Azul era un mito. El amor no tiene color, eso es ficción cinematográfica.   Juntaban sus labios, insaciables. Ya no le temían a las manzanas rojas, ni a las ruecas encantadas, ahora su amor dejaba de ser una ensoñación para ser una realidad. Las princesas de esas historias lo habían decidido   , hacerse el amor hasta la saciedad, recuperar el tiempo manchado por la mirada lasciva sin sentido, de un sistema de centros comerciales y figuras anoréxicas, eso significaba desaparecer su mundo de hadas madrinas, de enanos masturbadores, de príncipes wannabes y de amor medieval.   Minotauro teseónico El Minotauro teseónico desde la ventana de su laberinto, enamorado, recitaba en voz baja su poesía mientras miraba a Alicia psicotrópica viajar perdida a su interior, sin encontrarse. La bestia encantada deseaba atravesar ...

El siete vidas

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A Heriberto: Donde quiera que estés, aún siento tus caricias sobre mi rostro. Me abracé al cuerpo inerte de mi madre, ya estaba frío. Me aferré a ella como retando a la muerte, que no me la arrebatara, pero era inútil. No era la muerte quien se la había llevado. Esa maldita Revolución me había matado a mi madre desde antes: cuando mi padre se fue.             Contemplé durante horas aquel cadáver que me había dado la vida, miré detenidamente su rostro marchito, aquellos ojos tristes, de mirada amarga, el carmín de sus labios se había desvanecido. Su cabello negro como las noches que padecimos buscando a mi padre, tejían sus trenzas de filigrana. El esbelto y casi cadavérico cuerpo de mi madre, ahora ya sin vida, me venían a recordar que estaba solo en el mundo. Me puse a rezar.             —Padre Nuestro que estás en los cielos…     ...

Impunidad a la Shakespeare

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Los feminicidios reflejan la salud de la sociedad. Miden la capacidad de las autoridades para evitar, resolver y/o castigar a los responsables. Si ésta falla, o no existe, como sucede en muchas ciudades de nuestro país, los asesinatos se reproducen y dan pie a su repetición. La impunidad permite y cataliza feminicidios. Las noticias sobre feminicidios en nuestra nación rebasan fronteras.  Arnoldo Kraus. El sol se deslizaba por las cortinas y cada hilo de luz me decía que aún tenía tiempo para terminar mi labor: limpiar el semen de su espalda y quemar la ropa. El motel estaba infestado de familias que iban de vacaciones más que de parejas fornicando, aunque eso no era impedimento para sacar a la chica del cuarto y ponerla en la cajuela. Cada habitación tenía su propio garaje y estaba protegido por una cortina que no permitía observar a otros lo que estaba sucediendo. La dificultad fue someterla en el auto, taparle la boca, amarrarla y clavarle el cuchillo hasta que muri...

Mujeres-Batalla // Sé lo que no quiero

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Mujeres-Batalla Mujeres batalla Hijas de puta Porque están Solas Niñas Muñecas Bonitas Que se quieren             solas Nosotras             Copas de vino                                  Pedantería intelectual                                    Tacones                                                Ba...

Carta a la madre

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Desde algún maldito Hospital de Psiquiatría, a tan sólo 13 días del cumpleaños de mi mamita. Hoy sé que puedo decírtelo todo, madre, al estar en un lugar como este, no sé si en realidad pueda curarme o volverme aun peor, quizá nunca lo sabremos porque nadie ha dicho algo sobre mí. Estoy consciente de que te he roto el alma, madre, pero si tú hubieras conocido su piel, su aroma, la manera en la que me miraba… Te lo diré todo, creo que mereces saberlo. Después de llegar a casa y comer con mamá Ana, ella siempre me llevaba a la sala donde revisaba mis progresos escolares, casi nunca hubo problema, tú sabes qué tanto me esforzaba para ti, mamita. Cuando terminaba el análisis de mamá Ana, ella ponía películas en el televisor, nos sentábamos juntos y nos cubríamos con una sábana, veíamos lo que pasaba dentro de ese rectángulo amoroso. La primera vez que comenzó nuestro juego, no soportaba la vergüenza de lo que sucedía en mi cuerpo, nacía un calor desde los pies hasta las mejill...

Hablando con muertos

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A mi abuelo Ricardo Algo está pasando en casa, hay sombras, rostros y cosas raras desde hace dos meses. Estaba sentada en la silla que está enfrente de tu cuarto, bueno el que fue nuestro cuarto. El aire entra cada vez más despacio por la ventana del baño, se puede escuchar el ruido de los grillos y el ladrido de los perros que están asustados por tu llegada. No te preocupes, te dije, ya te esperaba. —Pasa. ¿Quieres café? — Sentí como mi cuerpo temblaba y no es porque fuera de miedo, claro que no, sino de nervios. El nervio de tenerte enfrente de mí, el de ver tu mirada y saber que nunca más nos separaremos de nuevo. Han pasado tres meses después de tu llegada, sé que estás aquí, que me miras cuando me bañó, que me puedes sentir cuando me voy a trabajar, y que sabes cuando estoy triste y necesito uno de esos abrazos que me dabas en las noches cuando había truenos. Me resigné a vivir con tu presencia, al vivir con tus recuerdos por toda la casa, pero aún me pregunto: ¿Qué haces ...

M-E-M-O-R-I-E-S

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Times Square, 7:33 pm. Recuerdo haber llegado ese miércoles 11 de noviembre sin aliento y ansiosa, sin saber la razón, sin encontrar un "por qué". Estaba desesperada. Quería encontrarla, ver sus profundos ojos chocolate, escuchar su acento cubano, abrazarla y respirar su aroma. Pero no fue así, no ese día. "Será otro" pensé. Pero realmente ese no era el motivo de mi ansia. Era algo más. Caminé todo ese lugar. Escuché las risas de los turistas, su emoción, su alegría, su felicidad por un logro más; conocer una maravillosa ciudad. Los comprendía. Sentí lo mismo cuando llegué. Los vi con cámaras y mapas en mano. ¡Ja! Me recordó a mí en mis primeros días. Su energía turística era contagiosa. Suspiré. Y suspiré porque me di cuenta de algo; yo ya no era una invitada más en esa ciudad. Yo ya no utilizaba mapas para guiarme, utilizaba el mapa que en mi corazón se había tatuado. Un mapa distinto al de ellos. Un mapa que me llevaba a recorrer las gélidas calles de Nu...